Y a propósito de la Política Exterior Española : América.

Como digo, la prioridad para los gobiernos de Suárez, tanto con Marcelino Oreja como con José Pedro Pérez-Llorca, fue Europa.

Sólo cuando el "proyecto europeo" pareció imposible, debido al "veto francés" de Valery Giscard d'Estain, el Duque intentó jugar la baza de Hispanoamérica.

Pero no le dio tiempo y, tras su dimisión, Adolfo Suárez se convirtió para los países iberoamericanos en mejor "ex" de lo que lo había sido como presidente y, de hecho, en un "héroe de la Democracia", recibiendo infinidad de homenajes y destacándose como conferenciante, y hasta consejero.

Luego con Felipe González ocurrió lo mismo, aunque tras la entrada en la Comunidad Europea se apostara por la celebración de las "Cumbres Iberoamericanas", pasándose del concepto de "Madre Patria" al de "Naciones Hermanas".

Pero, de nuevo, salvo en el "caso centroamericano", Felipe fue para aquellos países mejor "ex" que presidente "en ejercicio" y, tras su derrota, se convirtió en un "conferenciante profesional", quizá no como "héroe democrático", pero sí como "político único", hasta llegar a convertirse en el "consejero personal" del multimillonario mexicano Carlos Slimsin olvidar su relación con el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez y el empresario Gustavo Cisneros, "ayudas a la exportación" y "polancadas varias" a parte.

Caso distinto fue Centroamérica y Cuba, en las que la diplomacia española intervino de una manera importante en el fin de la Guerra Civil en El Salvador, en la celebración de elecciones libres en Nicaragua y en el inicio de la apertura en Cuba, con el beneplácito incluso de George Bush "padre", olvidadas ya las discrepancias respecto a las invasiones estadounidenses de Granada y Panamá, o a su apoyo a la "Contra".

De algún modo, los Estados Unidos eran el "garrote" y España representaba la "zanahoria", al convencer el propio González a su "amigo" Daniel Ortega para que aceptase el resultado de las urnas y pensase que si bien había perdido esta vez, seguía siendo la primera fuerza política y algún día podría volver al poder, algo que ha ocurrido algo más tarde de lo esperado, dieciséis años después.

Respecto a Cuba, cabe recordar las "visitas" de Carlos Solchaga a la isla, que por cierto luego extendería Miguel Boyer a la Argentina anterior al "Corralito".

Pero, con la llegada de José María Aznar todo cambió, al vincular la "ayuda económica" española a la cooperación de los países americanos en la lucha contra ETA y al fin de sus "santuarios" en aquel continente.

Así, como consecuencia de esta política, se llegaron a cuestionar las relaciones con Uruguay, Cuba o Venezuela y, en cambio, se apoyaron los "dudosos" métodos de Alberto Fujimori en Perú o de Alvaro Uribe en Colombia.

Además, liderados por la Fundación Hispano-Cubana de Gustavo Gortazar, casado con Pilar del Castillo, los nuevos dirigentes populares rompían con la "Doctrina Estrada" de Manuel Fraga y apostaban por la denuncia del régimen cubano y la búsqueda del enfrentamiento ideológico con Venezuela.

Pero lo principal fue el "desembarco" del Santander de Emilio Botín, el BBVA de Francisco González, la Telefónica de Javier Villalonga, el Repsol de Alfonso Cortina, la Endesa de Rodolfo Martín Villa, ..., que nos devolvió de algún modo al esplendor de otros tiempos, y también a sus servidumbres (Aerolíneas Argentinas, ... ), olvidados ya los complejos del "Desastre del 98".

Aunque, para una buena descripción de los hechos, no habría que olvidar la sucesión de crisis diplomáticas que padecimos por el juez Baltasar Garzón y su solicitud de extradición de Augusto Pinochet a Londres, las inversiones hoteleras de Abel Matutes en la República Dominicana o la gestión de las consecuencias para España de la "Crisis Argentina" por Josep Piqué, además de la "presión" ejercida por Aznar sobre México y Chile para que apoyaran en la ONU la Guerra de Irak.

Sin embargo, tras el 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Angel Moratinos lo quisieron cambiar todo y, de nuevo, volvíamos al "coqueteo" con los "dictadorzuelos" cubanos y bolivarianos y, además, de nuevo, con complejos y dispuestos al pago de "deudas históricas", sin aprovechar las "nuevas relaciones" para alcanzar al menos beneficios comerciales concretos que pudieran compensar de algún modo nuestro enfrentamiento con el "Yanki", lo que sin duda sí ha conseguido la Francia de Nicolas Sarkozy.

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