A propósito de la Política Exterior Española : Europa.

Con José María de Areilza el objetivo era el "Reconocimiento", incluso rindiendo pleitesía si hacía falta al entonces presidente francés Valery Giscard d'Estein, primero de la "monarquía de Juan Carlos I", que prometía ser "constitucional", y luego de la "joven democracia española".

Tras esto, Adolfo Suárez buscó la "Adhesión", y Marcelino Oreja terminó por presidir el Consejo de Europa, pero el "rechazo francés" fue inclinando al futuro Duque a optar por un cambio de la política exterior española y pensar en encabezar una rama hispanoamericana del "Movimiento de los No Alineados", pese al disgusto de José Pedro Pérez-Llorca.

Luego vinieron su dimisión, el 23-FLeopoldo Calvo-Sotelo y la "entrada en la OTAN" que, a pesar de la oposición entonces del PSOE de Felipe González, años más tarde terminaríamos por aceptar en referéndum.

Y, como ya he recordado alguna vez, el flamante secretario general Javier Solana ordenando el bombardeo de Belgrado.

Pero, por fin, Fernando Morán firmó la adhesión a la Comunidad Europea, y Manuel Marín fue nuestro primer comisario europeo, Francisco Fernández Ordóñez negociaría el cierre de la base americana de Torrejón, y "de buen rollo", no como nuestra posterior "retirada de Irak", y Javier Solana quiso aprovechar el éxito de la Conferencia de Madrid para volcarse en una "diplomacia de aeropuerto" que lograra la paz en Oriente Medio.

Sin embargo, después, Carlos Westendorp, con los pies más en el suelo, acordaba los "Fondos de Cohesión", para mí un éxito personal de Felipe González, que nos resarcía en parte de la "mala negociación", como proclamaba Manuel Fraga, del Tratado de Adhesión.

Luego llegó José María Aznar y su rechazo de la "Europa de las dos velocidades", que evitamos gracias al éxito de la política económica de Rodrigo Rato, entrando en la Unión Económica con todos los honores, pero a la que Abel Matutes en la trastienda diplomática intentaba también sortear por si acaso.

Josep Piqué, en otro ataque de "diplomacia de aeropuerto", nos volcó de nuevo en la solución de los problemas de Oriente Medio, pero a Ana de Palacio le tocó casi desde su primer día reinventarse la política exterior española con la resurrección del llamado "Vinculo Atlántico".

No pudo ser y, tras el 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero retiro las tropas españolas de Irak y nos lanzó en brazos de la "Vieja Europa", renunciando a toda una serie de logros diplomáticos alcanzados por el "duro negociador" Aznar, especialmente al Tratado de Niza, ante la satisfacción de Miguel Angel Moratinos .

Pero esa "Vieja Europa" de Jacques ChiracGerhard Schröder y Vladimir Putin ya no existe y, bueno, la "fracasada" Angela Merkel y Nicolas Sarkozy parecen estar más por acercarse al "amigo americano".

Al menos George W. Bush ya no está tampoco y, si no "se mete la pata", cuidemos las relaciones con Israel por favor, puede haber una oportunidad para la política exterior española, tras cinco años de gobierno "radical-socialista".

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