
No soy "dudoso".
He sido, desde siempre, más "yanki" que Mickey Mouse o el Pato Donald.
Y, como saben los que me conocen, he apoyado casi plenamente todas las actuaciones militares de los mandatarios estadounidenses desde Ronald Reagan hasta el momento.
Estuve así de acuerdo con la invasión de Afganistán y de Irak y, aunque no la comparta ( no creo que estemos preparados aún como Nación para estas aventuras ), entiendo la presencia de nuestras tropas en esos escenarios.
Por eso, por no considerarme un "hippie pacifista", me siento obligado a expresar mi opinión sobre este tema :
En primer lugar, y antes que nada, rechazo el "mal uso" del dolor de los familiares para "lapidar" al ex ministro Federico Trillo, y ahí queda para la historia del parlamentarismo español aquella "excursión guiada" hasta las puertas de su despacho en el Congreso de los Diputados.
En segundo lugar, entendiendo la desesperación del que se queda sin hijo o sin hermano, no admito que el soldado que se desplaza a una de esas misiones lo haga siempre contra su voluntad y considero que, aunque los familiares no lleguen siempre a entenderlo, lo pueda hacer también por vocación, sentido del deber o afán de aventura.
Y en tercer lugar, rechazo ese poco espíritu de defensa, esa proclamada debilidad de carácter, que nos condena a considerar toda baja en acto de servicio como un cruel asesinato perpetrado por la superioridad : "No señores, en la guerra se destruye, se mata y se muere, por eso el hacerla no debe ser nunca una decisión tomada a la ligera".
Pero dicho esto, afirmo que hay o debe haber diferencia entre un país democrático y uno que no lo es, y también que debe haberla en como hacen la guerra.
Y así, si se ha cometido algún descuido, error, infracción o delito, debe investigarse, juzgarse, penarse y subsanarse si fuera posible, y si además se deben asumir responsabilidades políticas que así se haga por el propio Trillo o por José María Aznar, y en el caso del Cougar ( ¿ José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero ? ) o de José Couso lo mismo.
En EE.UU. ya se investigó entonces lo sucedido en ciudad de Panamá, y no por eso se dejó escapar a Noriega, ni se dejó de asaltar pasados los años Puerto Príncipe, Kabul o Bagdad.
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