
Primero, como no, fue Manuel Fraga, y creo que también, en algún momento, Jorge Verstrynge.
Luego, en 1982, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, antiguo portavoz de la UCD.
En 1987, en plena crisis de la coalición, Juan Ramón Calero, ex adjunto a Manuel Fraga en la secretaria general de AP.
En 1989, el "populista" Luis Ramallo,
y, también en ese año, el "liberal" Rodrigo Rato.
Luego, en 1996, y durante los ocho años de gobierno, el "elegante" Luis de Grandes,
y, en el 2004, ya en la oposición, el "duro fajador" Eduardo Zaplana,
y, ahora, en el 2008, para una etapa más "blandita", Soraya Sáenz de Santamaría.
De "duros" y "blanditos".
El término "blando" tiene uno de sus orígenes en los miembros del gobierno de Margaret Thatcher opuestos a su política.
Al principio tal calificativo era expresado con mofa y desprecio contra estos por los seguidores más fanáticos de la "Dama de Hierro", pero luego los "blanditos" se empezaron a identificar con dicho apelativo y lo aceptaban orgullosos.
Por eso, José María Lasalle, con su huida del "liberalismo antipático", Jorge Moragas, con su entusiasmo en la Convención Demócrata, y mi "amigo" Palencia, con su "travestismo a lo Obama", podrían llegar a ser perfectamente los prototipos del "blandito" español.
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