Barak Obama ha ordenado a su "equipo" de Seguridad Nacional que vaya preparando la salida de Irak.
Robert Gates, su secretario de Estado, y David Petraeus, su comandante para Oriente Medio, heredados de George W. Bush, han señalado la dificultad de cumplir esa orden.
Ya antes, en el 2006, el informe del "Grupo de Estudio" presidido por James Baker, parecía aconsejar una salida de Irak pactada con Siria e Irán.
Y antes, Donald Rumsfeld, tras lograr alcanzar los objetivos militares y políticos preestablecidos, daba muestras de querer desentenderse de la postguerra en Irak y, por eso, a partir de cierto momento, fue Condoleezza Rice, primero como consejera de Seguridad Nacionaol y luego como secretaria de Estado, y a través de Paul Bremer y los embajadores John Negroponte, Zalmay Khalilzad y Ryan Crocker, quien intentaría hacerse con su control.
En realidad, frente a otras concepciones más mezquinas, solo George W. Bush, debido a su base moral y religiosa, se ha mantenido firme y seguro en su objetivo de convertir Irak en una verdadera democracia, que sirva de ejemplo a toda la zona.
Frente a este idealismo, antiguos firmantes de la famosa carta al presidente Clinton, en la que se pedía una intervención en Irak que acabara con Sadam Husein, como Francis Fukuyama, Richard Perle, Keneth Adelmann, James Woolsey, Eliot Cohen, Douglas Feith, ..., o incluso David Frum, coautor del famoso discurso del "Eje del Mal", se fueron arrepintiendo de haber apoyado a George W. Bush al inicio de la guerra.
Pero, tras la victoria demócrata del 2006, la marcha de Rumsfeld, y la llegada de Robert Gates y David Petraeus, y gracias a la perseverancia de George W. Bush, se dejó de lado el informe de Baker, se abandonó la "Doctrina Rumsfeld" de "utilización del mínimo de efectivos" y, en cierto modo, se volvió a la "Doctrina Powell" de "uso de una fuerza arrolladora", aunque combinada con la "adquisición" de aliados locales que tan bien funcionó en la Guerra de Afganistán, y a pesar de la opinión contraria de muchos, Barak Obama incluido, se lograron por fin resultados y, quien nos lo iba a decir, Irak pasó de ser un problema sin solución a convertirse en un ejemplo a seguir, también para el propio Obama, en el olvidado Afganistán.
Por eso, ahora, en el momento de la salida, sólo cabe esperar que los más de 4.000 soldados americanos, los cientos de sus camaradas de los otros ejércitos "ocupantes" y los incontables iraquíes muertos en estos seis años no lo hayan sido en vano, y que la democracia haya quedado fuertemente establecida en Irak y no se tenga que volver a ocupar Bagdad dentro de otros diez.
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