Siempre me acuerdo de él.
Cada vez que en televisión aparece alguna noticia sobre Sudán me acuerdo de él.
Era mi primer año en la universidad.
Había aprobado el COU en septiembre, pero no la Selectividad y, entre las pocas opciones que me quedaban, la de estudiar Estadística, la "técnica de Matemáticas", era la mejor.
Aquel curso era muy especial, casi todos eramos "revotados de la Selectividad" y la gran mayoría teníamos decidido cambiarnos el próximo año a una "carrera superior".
El temario no era demasiado complicado, o al menos así me lo parecía a mí, y al final aquel curso fue un buen modo de adaptarme a la disciplina universitaria, o a la falta de ella si lo comparamos con los "Escolapios de Getafe".
Hice muchos amigos, ya digo que no era precisamente un curso demasiado exigente, pero ya casi sólo me acuerdo de él.
Era, nunca llegué a aprenderme su nombre, un chico si no guapo, sí de rasgos agradables, alto, al menos algo más alto que yo, y a pesar de su dificultad con el idioma ( era incapaz de tomar apuntes y, nosotros, sobre todo una de las chicas, se los pasábamos ) abierto, incluso simpático, diría que deseoso de integrarse en nuestro grupo.
Pero mi amigo era además "un Príncipe", el hijo mayor del "jefe de su pueblo", y aunque él aclaraba que en su país "un Rey" no pasaba de ser una especie de presidente de la comunidad de vecinos o alcalde de la aldea, para nosotros no dejaba de ser "el hijo de un Rey".
Y nos contaba que su padre, pese a la oposición de nuestro amigo, le había mandado a estudiar a Europa para apartarle de la guerra, al menos por unos años, que se libraba en su región.
Por eso, cuando oigo las palabras "Sudán" o "Darfur" siempre me pregunto : ¿ Como estará mi amigo ?.
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